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Cohousing: El nuevo formato de convivencia que viene post pandemia

  • La nueva realidad económica y estilos de vida transformarán la forma en que habitamos los espacios, evolucionando hacia un modelo más flexible, sostenible y colaborativo. Un experto en esta tendencia, también conocida como coliving, explica sus orígenes y cómo funciona.

 

Santiago, junio 2020.- Los expertos y analistas coinciden en que la incertidumbre y la recesión económica provocada por la pandemia de COVID-19 va a generar un problema en la demanda, ya que muchas personas van a desistir de comprar una propiedad. Como consecuencia, en los próximos meses el mercado de renta se va a dinamizar y tendrá más protagonismo, precisamente porque ofrecerá a las personas mayor movilidad, tanto económica como física.

 

“Los altos precios inmobiliarios, y un estilo de vida cada vez más independiente, están llevando a las personas a buscar soluciones habitacionales que satisfagan las necesidades propias de la etapa de vida en que se encuentren. Todo lo que está pasando va a acelerar en Chile el fenómeno conocido como fracking inmobiliario, que rompe los esquemas tradicionales del mercado, para luego volver a construirlos, uniendo las piezas en algo más productivo, mejorando el valor de los activos”, explica Guillermo Elgueta, gerente general de Astudent, quien pone como ejemplo lo que sucedió con el coworking, como solución a la alta vacancia en los edificios de oficinas. “Este formato ha sido una revelación y no ha dejado de crecer con el aumento de los profesionales freelance, que ahora pueden compartir oficinas y gastos, empujando al mercado inmobiliario hacia un modelo de servicio, que es a corto plazo y de bajo costo, haciendo un mejor trabajo en optimizar el espacio y los activos”, sostiene.

 

Algo similar sucederá ahora en el ámbito residencial con el cohousing o coliving, en que los desarrolladores, en vez de vender departamentos o una propiedad, comenzarán a ofrecer espacios para compartir enfocados en distintos segmentos. “Son soluciones habitacionales, con formatos específicos para estudiantes, tercera edad, familias convencionales, familias monoparentales, profesionales solteros, entre otros. La vivienda ya no sólo será un producto, sino también será valorado como un servicio, que pueda incluir Wi-Fi, servicio de aseo, delivery, Netflix, alimentación, transporte, entre otros, que permitan configurar una experiencia de alto valor”, explica Guillermo Elgueta.

 

El concepto “cohousing” se originó en Dinamarca en la década de 1970, con el proyecto Sættedammen, una comunidad creada ante el descontento en la sociedad danesa por sus viviendas y donde 35 familias residían en viviendas privadas compartiendo espacios de vida y actividades como almuerzos, limpieza, talleres, fiestas y eventos. Luego fue extendiéndose a otros países nórdicos y, posteriormente, a Estados Unidos. “Las primeras experiencias de este formato fueron los cohousing o residencias para personas autovalentes de la tercera edad, como una solución colaborativa para que las personas jubiladas pudieran disfrutar más su pensión y al mismo tiempo, no estar solas”, comenta el ejecutivo, reconociendo que este modelo llegó hace algunos años a Chile.

 

El modelo para estudiantes recién se está desarrollando en nuestro país, precisamente de la mano de Astudent, para dar una alternativa a los jóvenes para ir a estudiar a otra ciudad e independizarse del hogar familiar, sin asumir solos todo el gasto que involucra el arriendo de un departamento, los gastos comunes, las cuentas básicas, entre otros, compartiendo además en una comunidad con similares metas e intereses.

 

Paralelamente, el cohousing también desarrolla un servicio especializado para responder a las necesidades en la etapa estudiantil, desde el punto de vista académico como de estilo de vida. “El arriendo mensual incluye habilitación de la pieza con baño privado, en un departamento donde el estudiante comparte una cocina con otros tres jóvenes. El servicio incluye gastos comunes, luz, agua, Wi-Fi, estacionamiento de bicicletas, seguridad 24/7 y actividades comunitarias. Los espacios comunes de los edificios consideran salas de talleres, de cine, estudio privado, salas comunes, lockers, gimnasio y salón de eventos. Por otra parte, otros de los servicios que se ofrecen a la comunidad estudiantil es el acceso a cafetería, lavandería, aseo, impresiones, autos compartidos y excursiones”, explica el ejecutivo de Astudent, empresa que planea invertir US$250 millones para siete edificios de este tipo en Santiago y regiones, en ubicaciones estratégicas cerca de universidades. El primero de ellos está en pleno desarrollo en la comuna de Ñuñoa y se espera que esté operativo a inicios de 2021.

 

Según el ejecutivo, es un modelo que se consolidará en los próximos años por los atractivos que ofrece el hecho de compartir gastos de arriendo, limpieza, ocio o los que se quieran, en un ambiente seguro, que brinda tranquilidad a las familias que envían a sus hijos a estudiar fuera. "Por eso vemos un gran potencial no sólo para estudiantes provenientes de regiones que buscan dónde vivir en Santiago, sino que también para ciudades eminentemente universitarias, como Temuco, Talca, Valdivia y Concepción", concluye.

 

Fuente: Cuatro Ejes Comunicación Estratégica

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