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Ante el anuncio de 21 mil nuevas viviendas sociales integradas: Así es el mapa de la segregación en

Según TECHO-Chile el porcentaje de población vulnerable en los barrios no debe ser menor a un 20%, ni superior a un 60%. El 365 de los barrios del Gran Santiago no cumplen con ese estándar.

Photo by Pablo García Saldaña on Unsplash


SANTIAGO.- "La integración es más que necesaria, es urgente. Es una política social que vamos a seguir impulsando desde el Gobierno y con la urgencia del Presidente". Así respondía el ministro de Vivienda y Urbanismo, Cristián Monckeberg, a la polémica que se desató en julio en Las Condes, cuando la municipalidad anunció la construcción de un edificio de viviendas sociales en la rotonda Atenas. "Es una buena decisión que viene a respaldar una política de integración de lo que hemos denominado derribar los muros de la segregación, a través de la vivienda", añadió. El discurso es similar al que emitió el pasado miércoles, cuando comunicó la construcción de 21 nuevas viviendas sociales "integradas" en 61 comunas del país, en el marco del Programa de Integración Social y Territorial que impulsa la cartera.


Se trata de una política pública que considera solamente a aquellos edificios que contengan al menos un 20% de viviendas reservadas para familias de los estratos más vulnerables, de manera de favorecer el "mix social" con personas de otro sector socioeconómico. La realidad que aborda el Estado a través de este programa se ha convertido en una discusión pública que busca superar el modelo territorial actual y sus efectos. "Al igual que la desigualdad, la segregación en Chile se ha ido reproduciendo y cada año se reproduce más", dice a Emol el director ejecutivo de TECHO-Chile, Sebastián Bowen. La organización, desde su Centro de Investigación Social (CIS), ha estudiado el fenómeno con la intención de dar factibilidad a una propuesta que busque "cambiar la fisonomía segregadora que tienen las ciudades".


Tras trabajar con un comité de expertos, creen que hallaron un modelo que ayuda a entender el panorama de la segregación en Santiago y otras regiones de Chile, y también es un antídoto para combatirla. Lo bautizaron Barrios 20/60.


Un juego de Monopoly


El principio detrás del modelo es simple: Cada barrio debiese conformarse de tal forma que el porcentaje de población vulnerable sea no menor a un 20% del total y no supere un 60%. Se considera como población vulnerable a aquellos que pertenezcan al 40% inferior del Registro Social de Hogares.


Los resultados mostraron que en el Gran Santiago existen 1.837.798 habitantes que pertenecen a dicho tramo, que corresponden al 29,7% de la población de la ciudad. Al momento de analizar dónde viven, la realidad no es muy alentadora: 365 barrios de la urbe concentran más de un 60% o menos del 20%. Ambos se consideran segregados, aunque por razones opuestas.


De todas las comunas estudiadas, La Pintana es la que tiene mayor proporción de barrios que no cumplen el estándar por exceder el porcentaje de familias vulnerables. Tienen más de un 60% de población vulnerable en el 45,5% de sus barrios. Le siguen San Ramón (41,7%), Cerro Navia (40%), La Granja (23,5%) y El Bosque (21%).


365 Barrios no cumplen con el estándar 20/60 En la vereda opuesta, las comunas donde existe menor frecuencia de familias vulnerables por barrio son Vitacura y Providencia. En ambos casos, el 100% de los barrios de la comuna presentan menos de un 20% de población vulnerable. Luego se registra Las Condes (92%), La Reina (86,7%) y Lo Barnechea (84,6%).


Por eso, TECHO-Chile propone la creación de la ley Barrios 20/60, para lo que sería necesario contar con planos reguladores que establezcan estándares de integración social y definan zonas con porcentajes obligatorios de viviendas sociales y con incentivos en las "buenas comunas" para permitir mayor densificación en la construcción de viviendas con estos fines. Además plantea generar inversión pública preferencial en comunas altamente segregadas que atraigan a su vez la inversión privada y a las viviendas de mayor costo, así como la creación de un banco de suelo público que permita utilizar terrenos del Estado o comprar nuevos en sectores con menos incentivos para privados o donde los elevados precios frenen los proyectos.


"Hay que hacerlo desde distintos ángulos", dice Bowen. "Uno es regular de mejor manera el suelo, para que no sea como un juego de Monopoly en el cual está netamente ordenado en función del mercado. El Estado tiene que asumir un rol más preponderante", añade. Más para quienes menos necesitan Analizando estos datos, en la organización llegaron a ciertas conclusiones. "Este espiral segregador que tenemos en Chile es algo transversal. Tenemos una cultura donde se prefiere vivir entre personas que se parecen mucho a uno: Nos cuesta la convivencia en diversidad", explica Bowen. El director ejecutivo de TECHO-Chile cita otros datos para ejemplificar la diferencia entre habitar las comunas que evidencian ambos tipos de segregación. "Las que tienen mayor riqueza son las que también tienen mayor gasto municipal per cápita. Anualmente, Vitacura gasta $760 mil al año por persona y al mismo tiempo tiene la población con mayores ingresos, con un promedio de $3 millones por hogar", dice. "El hecho de tener diversidad socioeconómica o cultural en un mismo barrio no implica necesariamente la cohesión social, la convivencia en confianza y la interacción social entre las distintas personas" Sebastián Bowen, director ejecutivo TECHO-Chile En Lo Espejo, en cambio, el gasto municipal per cápita es de $130 mil anuales y la renta varía entre $600 mil y $700 mil mensuales.


"También repercute en la calidad de vida: En Vitacura la esperanza de vida es de 82 años, y en Lo Espejo aproximadamente 76. La segregación tiene que ver con que como país estamos ordenándonos para entregarle más recursos justamente a los que menos necesitan", explica. Por eso insiste en la importancia de romper con ese modelo territorial, pero asegura también que se trata solo de un primer paso. "El hecho de tener diversidad socioeconómica o cultural en un mismo barrio no implica necesariamente la cohesión social, la convivencia en confianza y la interacción social entre las distintas personas", advierte. Existe, de hecho, un rechazo inicial de los habitantes de las zonas más ricas a la idea de vivir con personas de estratos más vulnerables, como ocurrió en Las Condes, donde incluso hubo movilizaciones de vecinos en protesta. "También tienen que existir programas que promuevan el contacto, la organización, la participación y el diálogo entre las personas diversas que se encuentran en el mismo territorio, para que efectivamente se conozcan entre sí, convivan entre sí y el barrio comparta mutuamente", concluye. Fuente: Emol.com - Consuelo Ferrer

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